Confianza; la transformación como ingrediente básico

Dice Fermin en su último post que los negocios están hechos de confianza, y más concretamente, de confianza en el futuro.

Pero, ¿de qué materiales está hecha la confianza en el futuro? Aquéllos que lideramos proyectos, organizaciones, etc. (por pequeños que sean) sabemos que las personas que rodean a una empresa (clientes, socios, empleados, aliados, instituciones, etc.) buscan en cada palabra evidencias que le permitan confiar (para comprar, para comprometerse, para invertir…) y es aquí donde surge una divergencia importante. Por un lado tenemos a aquéllos que construyen su confianza sobre la base de la certidumbre, es decir, su grado de confianza en el futuro aumenta en la medida que percibe que el emisor traslada la idea de que el futuro será parecido al presente. El mensaje sería algo así como “con lo que somos, hacemos, etc. y con algunos cambios evolutivos estamos en condiciones de tener nuestro sitio mañana”. Por otro lado, hay otros que, de forma inversa, construyen su confianza sobre la base de la innovación y la transformación. Son personas que perciben en el presente una distorsión, bien por una falta de encaje con lo que ellos quieren ser en el futuro o bien porque perciben que la organización no sobrevivirá a un entorno muy diferente al actual.

feEn nuestra labor de comunicación y relación tenemos muchas veces la tentación de alimentar la confianza de cada persona en función de aquello que la reconforta y eso genera dos tipos de problemas; primero genera distorsión, poca claridad y confusión y, segundo, crea una ficción ya difícil de sostener. Y es que gran parte de los proyectos empresariales de nuestro entorno requieren transformación o “Cambio” con “C” mayúscula. Desde posiciones de liderazgo deberíamos sostener una postura siempre coherente y realista aunque no sea el camino más fácil.

Y es que mi experiencia vital me dice que vivimos en una sociedad conservadora en términos generales, en ella la confianza se inclina más por aquello que no cambia ya que nos da más sensación de estabilidad o, dicho de otro modo, tendemos a pensar que lo que perdura parece más sólido. Así, tendemos a buscar respuestas a lo que necesitamos ser en las experiencias del pasado y esto nos lleva al callejón sin salida de repetir, con leves retoques, lo que ya sentimos que no funciona. Sólo cuando la situación es ya insostenible, cuando hemos pagado un alto precio, nos resignamos a buscar nuevas fórmulas…. ¿sería posible no llegar a este punto para aceptar el cambio?

Pero, no me interesa hablar de la sociedad sino de la empresa. Así que vuelvo al mensaje de Fermin sobre la necesidad de contar con información actual y sobre el futuro competitivo cercano para señalar dos cosas. Una primera que estoy totalmente de acuerdo. Y dos, en mi opinión, un modelo de negocio que genera confianza es aquél que lleva en su seno (en el liderazgo y  a ser posible en la cultura organizacional) una idea concreta, flexible, potente, inspiradora y creíble de transformación. Dicho de otra forma, mi posicionamiento sería algo así como “solo confío en aquello que aspira a transformarse en profundidad“, todo lo demás tiende a disolverse como un azucarillo en el turbulento océano del futuro.

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