Financiación, un antes y un después

Piensa en competitividad, piensa en los factores críticos para lograrla…es muy probable que te vengan a la cabeza muchos conceptos; innovación, emprendizaje, personas… pero apostaría a que a muy pocos os ha venido la palabra financiación a la cabeza.

Tradicionalmente, la financiación ha sido un tema poco innovador en nuestras empresas. Recientemente un alto ejecutivo me decía que, en Euskadi, más que direcciones financieras tenemos direcciones administrativas. Esta falta de “punch” se traduce en hechos muy peligrosos; por ejemplo, el 75% de la financiación de nuestras PYMES es bancaria. Es decir, nuestra capacidad para buscar dinero con el que poner en marcha nuevos proyectos es bastante limitada, nos quedamos en lo tradicional, en “lo de siempre” y eso es una rémora muy importante para poner en marcha actividades de innovación, emprendizaje, internacionalización,etc. Este aspecto es especialmente lamentable si tenemos en cuenta que, en los últimos años, la explosión de oportunidades en los mercados financieros ha sido espectacular. No digo que sea fácil, pero sí que debemos intentarlo.

fin.app1_-849x356Y es que esta falta de entendimiento del mundo de la  financiación está incidiendo directamente en nuestra capacidad de crecimiento; es decir, en la posibilidad de tener aquí empresas que puedan crear empleo de calidad. La incapacidad para acometer nuevas inversiones para el desarrollo tecnológico y de mercados está detrás de la venta de muchas de nuestras empresas a capitales extranjeros con la repercusión que ello tiene a la hora de tomar decisiones estratégicas como el emplazamiento. La poco diversidad de la financiación incide también en la sensación de ahogo de muchas empresas y en su dependencia de un sistema bancario no siempre fiable y que en muchas ocasiones no juega el papel de aliado estratégico que muchos proyectos requieren.

No es este el espacio adecuado para buscar explicaciones a este déficit en nuestro management, seguramente ha sido una mezcla de diversas cosas. Es posible que la gestión estratégica o de personas, por ejemplo, haya tenido más glamour o, quien sabe, quizás el peso de lo tecnológico nos ha centrado en crear productos cuyo desarrollo futuro hemos olvidado que de alguna forma tenemos que financiar (para no tener que vender tecnología que explotarán otros después del esfuerzo que hemos invertido en crearla). No descartemos la mala prensa que tiene en la sociedad todo lo que lleve el apellido financiero, donde los mercados financieros son el demonio mismo y todas las personas que los rodean sospechosas. No me quiero dejar atrás la responsabilidad de la universidad que seguramente no ha jugado un papel demasiado brillante abriendo caminos en este terreno.

Sea como fuere, me gustaría que en 2015 todos prestáramos más atención a este elemento, ya que es en uno, y de los importantes, en los que nos jugamos nuestro futuro.

 

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