¿Realidad Vs Sueños?

Suele ser muy habitual en el mundo empresarial el segmentar, al menos, en dos grandes grupos a los profesionales de la gestión: los que se denominan “realistas” frente a los “soñadores”.

Los “realistas” son, en general, aquellos que actúan de manera práctica y cuya conducta se ajusta a la realidad. Se suele asumir que este tipo de personas no son capaces de cambiar las cosas, y lo que hacen es gestionar los proyectos sin hacer demasiado “ruido”, sin “molestar”. En un mundo cambiante, en el que los acontecimientos suceden rápidamente, en el que “el que no corre vuela”… son vistos por algunos como personas que no son capaces de afrontar los nuevos retos que tienen planteadas nuestras empresas, y por lo tanto si bien ellos pueden obtener buenos resultados, el futuro que dejen puede ser más complicado.imagen 1

Respecto a los “soñadores”, los mismos tienden a fantasear sin tener en cuenta la realidad. Casi por definición son la antítesis de los “realistas”. En muchas ocasiones hemos oído eso de que “lo que no se sueña no se consigue”, y algunos observadores tienden a relacionar a este tipo de personas con los verdaderos innovadores, con los que cambian el mundo, con los que arriesgan. En general, es una tipología de profesionales más “cool”. Tienden a gastar mucho más que los “realistas” a pesar de que muchas veces no tienen el dinero suficiente para hacerlo. Es frecuente que las “fiestas” de estos suponen dejar “malas herencias”.

Como en casi todas las simplificaciones tendemos a caricaturizar los perfiles, pero podemos concluir que ambos extremos tienden a ser poco atractivos y que la virtud está en el equilibrio. Tenemos que ser “realistas” pero sin dejar de ser “soñadores”. Y eso es realmente lo difícil.

Esto es válido a nivel de empresas, pero también en ámbitos más globales. En el “caso griego”, los primeros movimientos de los responsables helenos fueron, en mi opinión, los típicos de “soñadores” que pensaban que más allá de la cruda realidad se podían abrir caminos que parecían “imposibles”. Y de hecho hubo varios anuncios de “acuerdos” que no terminaron de cerrarse, lo que llevó a los dirigentes de ese país a promover un referéndum para dar la voz al pueblo. Y después de la imagen 2celebración del mismo, y con una clamorosa velocidad, los que pensaban que el resultado les daba argumentos y legitimidad para mejorar sus logros en la negociación, se han visto abocados a asumir la “realidad” y aceptar unas condiciones que parecen ser significativamente peores para sus intereses que las que podían haber conseguido hace poco más de dos semanas, si hubieran sido “realistas”. El sueño se tornó en pesadilla.

Probablemente no conocemos del todo la historia, y todavía no sabemos cómo va a terminar. Entiendo que no bien, pero sí da que pensar que un equilibrio entre “sueño” y “realidad” hubiera dado mejores resultados al pueblo heleno. A nivel empresarial sucede lo mismo en muchas ocasiones. Lo que puede parecer una dejación, puede ser la mejor solución, o al menos, una solución mejor que la que soñamos pero no es posible. Nada más lejos de mi intención que pretender borrar los sueños. Son necesarios y a mí me gusta mucho soñar. Pero lo sueños deben de gestionarse en la práctica y siempre, como en todo, contar con un Plan B.

Ondo izan.

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